"Salí, mas por costumbre que por gusto salí a la mañana cuando el sol se hallaba oculto y la oscuridad era absoluta. Me movía con un apuro notable, vi la ferretería y me di cuente que dentro había unas pinzas en el mostrador, lo rompí y después de sacarlas las mire con gusto, era la primera cosa que robaba en mi vida y serviría para robar aun mas. Fui entonces al revistero que estaba a tres cuadras del Disco mas cercano, con las pinzas rompí las cadenas que tenia y lo abrí sacando todo tipo de revistas, incluyendo alguna que otra que no las hubiese conseguido siendo menor de edad. Las guarde en mi mochila, fui rápidamente a casa y decidí sacar también un chango para llevar mas peso. Volví y avance sobre el Disco, la catástrofe tuvo que haber sido a la mañana temprano porque me encontré con que estaba abierto y las heladeras parecían estar encendidas.
Lentamente me moví por el pasillo buscando no solo lo que me gustaba sino algunas cosas que sabia que podrían, cuando la luz se vaya, pudrirse. Escuche un ruido, salte y me metí detrás de las galletitas de agua, saque el cuchillo de carnicero de forma automática, avance en silencio, tenia de alguna forma mas miedo a hacerle daño a alguien que recibirlo. Dentro de todo aun no había cambiado en lo mas mínimo.
Entonces entre al pasillo de las gaseosas y el agua, no había nadie, me pose dando un suspiro de alivio sobre las gaseosas. Pero se cayeron varias haciendo que revienten por el gas y dejándome al descubierto. Según había escuchado antes, el primer autor de teatro griego había hecho el dialogo al introducir otro personaje.
-¡¿Quien esta ahí?!
Vino corriendo mientras yo trate inútilmente de ocultarme por debajo de una de las góndolas. Me vio y después yo asome la mirada. Era una chica, tendría de dieciocho a veinte años, mas alta que yo, pelo castaño claro largo y ojos marrones. Ademas era bastante bien formada, con dos buenas y grandes peras, un bizcocho apetecible y una 9 mm en la mano derecha.
-Yo...- Dije en un suspiro, no había hablado en casi dos días y las palabras se me trababan en la boca. Me levante y entonces ella me siguió apuntando.
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